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Somos Naturaleza

Fundamento de nuestra empresa


Nido nace desde el amor, el amor por la naturaleza, por el otro, por la creación, por el habitar, por el desenlace de acciones virtuosas y así el realce de nuestro bienestar físico, mental y espiritual.


La arquitectura se desenvuelve desde distintas facetas y de distintas formas, duales y complementarias entre ellas. Durante todo el período en que me he visto involucrada con la profesión he ido observándolas y viendo como nos afectan directamente hacia nuestras relaciones y a nosotros/as mismos/as.


Paralela y conjuntamente he observado la naturaleza, el territorio y sus paisajes. Desde la observación siento amor y contemplación, desde mis actividades en ella, el deporte y la alimentación siento un complemento y desde la literatura se engloba todo y la comprendo.

Abarcándola de manera rutinaria me he ido adaptando a sus ritmos, la he incorporado en mi estilo de vida y ella me modera, me enraíza y me cuida.


Desde esta base es que pienso cada proyecto, desde y con la naturaleza. La naturaleza como un todo, un concepto global, un nosotros/as, intentando, desde la humildad, sumar y aportar hacia el paisaje de la manera más pasiva posible y en respuesta a ello, obtener todas aquellas virtudes que tiene para ofrecernos.

Si yo le aporto, ella me aporta y nos complementamos.

¿Y de qué forma se puede abarcar este concepto tan teórico?


Desde el entendimiento de la naturaleza, la comprensión de su forma, de sus flujos y ciclos, desde la energía. La energía está en todos lados en distintas frecuencias. En un mundo utópico, los lugares donde nos situamos debiesen definirse en base a su frecuencia energética, lugares con energías más o menos estables que nos permitan habitar en armonía y confort, pero nuestras prioridades han ido cambiando y nuestros territorios también.


Espacios con fuerte exposición energética, como lugares desprotegidos de los vientos, de la lluvia, lugares en terrenos de flujos de agua, lugares húmedos, sin exposición solar, entre otros ejemplos, son lugares que requieren de un sobredimensionamiento energético para obtener la calma que buscamos y que en muchas ocasiones quizás ni la alcanzamos en su totalidad. Esa es nuestra primera base, que cae dentro de lo urbano, del territorio. ¿Cómo elegimos el lugar donde queremos vivir? ¿Dónde? ¿Qué espacios mantenemos para no caer en vicios ecológicos?


El año pasado leí un libro acerca del feng-shui y de cómo en la cultura oriental aplicaban estos conceptos abarcados desde una concepción espiritual, desde la intuición para la selección de sus espacios sagrados de acuerdo a la energía que emite el lugar en sí y de qué forma pueden intervenirlos sin perjudicarlos.

Estudios milenarios y conceptos que se utilizaban de manera intuitiva respecto a nuestro medio, como es la arquitectura vernácula, que hemos dejado de lado gracias al surgimiento de nuevas tecnologías que nos permiten soltarnos y crear desde lo superfluo, llevando nuestra profesión a distorsionarse, olvidándonos del origen y así de nosotros mismos.


Y no es culpa de la tecnología, al contrario, bien utilizada nos entrega mayor flexibilidad para disfrutar de mejor manera nuestros espacios, para encontrar mayor confort sin la necesidad de malgastar energía en ello y a la vez sin perder las virtudes que ya tenemos reconocidas en nuestro estilo de vida y en la forma de habitar un espacio. Y desde acá surge la sustentabilidad en la arquitectura, como un concepto global que acoge a la eficiencia energética.

La sustentabilidad es un concepto extremadamente amplio y digámoslo, está un poco prostituido, por lo que cuesta emitir un juicio de valor frente a un proyecto en su manejo conceptual teórico. Pero específicamente en arquitectura se han definido un par e conceptos que apuntan hacia esto y que le entregan una base con mayor solidez para argumentar cada proyecto. Unos de ellos es el concepto de diseño pasivo y la arquitectura bioclimática.



Desde el estudio del clima se determina el diseño arquitectónico y se implementan estrategias pasivas y activas, mecánicas, para el aprovechamiento y la eficiencia en el uso de los recursos energéticos existentes.

Actualmente se están ocupando softwares con manejo de datos para comprobar modelos teóricos de edificación y para calcular sus consumos energéticos. Herramientas elaboradas con bases científicas y datos reales que nos permiten entender de manera teórica el ciclo de vida de un proyecto en un lugar específico en búsqueda de espacios armónicos y de confort, de energía estable.


Desde esta base se establece el vínculo en la naturaleza de acuerdo a su nivel de intervención y de la energía requerida durante el ciclo de vida.

Si un proyecto requiere de poca energía es porque poco está afectando a su entorno, es porque está alineado al concepto global del lugar y su energía fluye en concordancia a ello. Al contrario, si un proyecto exige una alta demanda energética es porque no acoge el concepto del territorio, no lo entiende ni fluye en él.

Y estos conceptos de a poco se van haciendo evidentes en lo cotidiano, de manera intuitiva, en nuestra forma de habitar, de relacionarnos y de pensar el diseño. Los cálculos son meramente necesarios para reafirmar y comprobar su eficacia, pero las propuestas se realizan de acuerdo al entendimiento real y vivido de cada lugar. Se realizan desde la intuición y la comprensión de la naturaleza.