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Integrándonos a la naturaleza

Distintas perspectivas de cómo dialogamos con nuestra energía, con el espacio que habitamos y la naturaleza



He estado leyendo harto sobre el feng shui, e incluso realicé un curso online para empezar a introducirme en este tema. Y es que toda la cultura de Oriente me hace mucho sentido y considero muy positivo empezar a integrar a ambos mundos en distintas áreas de mi vida.

En el mundo oriental no se requieren de tantas pruebas científicas para creer en distintas temáticas como lo hacemos en occidente, al contrario, confían mucho en la intuición y tienen un vínculo mucho más cercano a su propio cuerpo como a los espacios. Uno de los temas que especialmente ha llamado mi atención es el modo en que abarcan el entendimiento de las energías. Desde la energía que recibimos, la que entregamos, la que compartimos y en la que vivimos.


Desde mi practica de yoga puedo decir que he aprehendido y he vivenciado una experiencia transformadora, donde la estrecha relación y comprensión de mi cuerpo físico hace evidenciar mis modos de actuar y mis tomas de decisiones respecto a mi día a día. Transformaciones físicas se extrapolan hacia mi mente y transformaciones mentales hacia mi cuerpo. Siempre en la búsqueda de la armonía y el equilibrio. Y puede sonar un poco loco o esotérico lo que trato de explicar, pero a mí me ha hecho mucho sentido en mi vida y me ha permitido indagar y traspasar este cuestionamiento hacia mi profesión y todo lo que te puede entregar también el espacio donde habitas.

Otra de mis aficiones es el surf, deporte que llevo practicando hace más o menos 10 años y de la misma forma que mi practica de yoga me ha llevado a reconocer ciertos aspectos de la vida en base al modo en que se desenvuelve el mar. Aprendiendo a fluir, a respetar y a desapegarme. Cosas que aprendo desde la naturaleza y que me vincula fuertemente a ella.


Debo decir que me considero totalmente afortunada, ya que cuento con la habilidad de sentir los espacios y la naturaleza, siento que manejo una alta conexión con el mundo físico y terrenal en relación y conexión con mis sensaciones. No sé si serán los años de arquitectura y observación, los años de experiencia en el rubro y/o mi conexión con el mar y los espacios naturales. Espacios que me hacen vibrar en distintas frecuencias y que me gusta plasmar en los proyectos que realizo.


Leyendo del feng shui a grandes rangos, podemos identificar diferentes ramas, desde la decoración, que es lo que más comúnmente escuchamos, hasta la relación que tiene nuestra casa con la energía del medio ambiente y la relación entre los distintos elementos que incorporamos, la cantidad de luz, etc. Y esta energía, que en china denominan el ‘Chi’, es la energía que entra desde el exterior y recorre nuestra casa. Energía que hay que mantener activa, con un movimiento constante y limpia.

La naturaleza está viva, en un constante flujo energético, el viento, la luz, la materia, las formas, los colores, etc. Se encuentra en un cambio constante. Cada espacio en la naturaleza cuenta con una energía pura en distintas frecuencias, no existen espacios sin ella.


Y al pensar en las energías que acogemos desde el exterior, desde la naturaleza y al ver la forma en que queremos incorporarla en la casa y nuestras vidas, siempre tenemos que apuntar hacia generar espacios armónicos y en equilibrio. De más está decir que no queremos incorporar energías muy potentes ya que nos pueden perturbar nuestra tranquilidad y crear sensaciones de inestabilidad.



Un ejemplo muy fácil de entender es una casa en la playa a la orilla del mar. Estamos muy acostumbrados a ver estos tipos de casas, totalmente enfrentadas y algunas veces totalmente incorporados en ella. Las playas en general son espacios amplios con una energía muy fuerte, el mar como una superficie extensa, libre y de mucho movimiento es muy lindo de mirar e incorporar en días soleados, pero cuando está en su energía más poderosa y extrema necesitamos contar de ciertos resguardos. Las casas en la playa tienen una alta exposición a estas energías, vientos fuertes y constantes, que provocan larga ondas de movimiento del espacio exterior, y que transforma la energía armoniosa en altas vibraciones y sonidos fuertes. Si nuestra casa queda totalmente expuesta a estas energías, ella también se hará parte de esta y no nos entregará el confort que buscamos, en cambio si mantenemos cierta brecha podemos protegernos y aprovechar en su justa medida el lindo escenario que nos puede entregar la naturaleza.


Y no me considero en ningún caso experta en el tema del feng-shui, simplemente recojo desde lo que he leído y lo que me hace sentido.

Creo que existe una estrecha relación entre lo que apunta el feng shui hacia el diseño pasivo de una casa, donde la sustentabilidad se abarca desde una dimensión científica, más tangible y desde el feng shui desde una dimensión sensitiva.

Y aquí podemos ver cómo se pueden complementar ambas culturas, desde oriente a partir del estudio y la comprensión de la energía, la intuición y la conexión con la naturaleza y desde el occidente desde los estudios de eficiencia energética, estudios climáticos, materialidades, arquitectura, etc. ¿Y qué pasaría si unimos los dos? Confiamos y conectamos con la naturaleza y con nosotros mismos y a la vez acudimos a los conocimientos y estudios de los materiales para reforzar nuestra experiencia.

Desde el estudio de la sustentabilidad y desde el modo en que se abarca la arquitectura pasiva tienen mucho que ver entre ellas en distintas etapas de cada proyecto. Y aun así hay muchísimas más temáticas que todavía no son corroboradas científicamente, por ende, no son empleadas en el mundo occidental, pero de las cuales caemos en cuenta con simplemente vivenciarlo. Y aquí es importante empezar a conectar y a confiar en nuestras creencias y en lo que nos hace sentido.


Ayer, por ejemplo, en los tijerales de unos clientes/amigos lo comentábamos. Ellos han pasado por una situación difícil durante el proceso constructivo de su casa, no tuvieron la mejor experiencia con el primer arquitecto que contrataron, lo cual los hizo retroceder, paralizar la obra y empezar nuevamente desde cero, significando tanto un gasto económico como emocional al respecto.


Ahora ellos se encuentran avanzando con la casa, pero ya con más tranquilidad y entusiasmo para terminarla. La forma en como nos ligamos a los procesos de diseño, de construcción de nuestra casa permanecen en el tiempo y en nuestro vínculo con ella. Si es que el proceso genera un aprendizaje, un desafío y un crecimiento personal este permanecerá en la casa y a la vez fortalecerá nuestra forma de vivir en ella. El simple hecho de que uno mismo sea participe de esto genera una recompensa personal y un lindo recuerdo del esfuerzo y de la experiencia del proceso, creando un vínculo afectivo e influenciando en nuestro modo de percepción del lugar en el que vivimos.





Y con esto no me refiero a que todos tenemos que autoconstruir nuestras casas, pero si considero importante hacernos parte del proceso en cualquiera sea de las etapas, para así aumentar nuestra vibración emocional frente a nuestra experiencia cuando la habitemos.


La conexión con la naturaleza, la armonía frente a los procesos y el amor que le entregamos a nuestras experiencias son las que van determinando nuestro modo de vivir los espacios.

Los espacios con sentido, cómodos y acordes a nuestras necesidades y a su ambiente son aquellos que nos permiten conectar profundamente con la naturaleza y a la vez con nosotros mismos.


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